La mujer llora ante la muerte del hombre. Triste y sin fe alguna, maldice al Dios que todos siguen y veneran ¡Maldita sea la hora en que pronuncié obligada palabras de amor! ¡Maldito seas tú, aquel que se hace llamar a si mismo Dios! … Los fieles la miran con desprecio, otros en cambio sienten lastima por ella. Se preguntan cómo puede maldecir al Señor tan misericordioso que se apiadó del hombre dándole la muerte para evitar el sufrimiento de la vida.
En el cielo, Hombre se ve ante las puertas del Paraíso. Confundido da vuelta y observa el umbral por donde llegó, intentó regresar a él. Una voz fuerte lo detuvo -¿Dónde vas?, preguntó esta –A casa, respondió el hombre. Acabas de morir, no puedes regresar, ¿Quién me lo prohíbe?, Tu Dios, por el que estas aquí, Yo no creo en ningún Dios, ¿Entonces qué haces aquí?, Morí, ¡Ajá!, Eso no significa que tenga que creer en ese Dios, No entiendo, Ni entenderás nunca.
El ataúd yace sobre la base metálica, Mujer sigue sufriendo. Una cruz se alza en todo su esplendor sobre el sarcófago de madera que contiene el cuerpo sin vida de Hombre. Jesús de Nazaret, crucificado tiene la mirada puesta sobre el ataúd, con una expresión de dolor, que muchos dirían es por el hecho de estar crucificado, pero que realmente es por el hecho de que otra persona sin nombre haya muerto a causa de dudar de él.
-¿Y tú quién eres?, preguntó Hombre, San Pedro, respondió la voz. ¿Tú me prohibirás regresar a mi casa?, No, Entonces me voy, No puedes, ¿Por qué?, Moriste, ¿Y?, Es suficiente razón para no volver, Pero no quiero estar aquí, Tendrás que estarlo, Quiero hablar con tu superior, Mi superior es Dios, Pues con el quiero hablar, Pero no crees en él, Eso no me limita para hablar con él. San Pedo dudó un momento, nadie nunca se había atrevido a no querer entrar al paraíso, ¡Mucho menos a querer hablar con Dios! Debería estar agradecido de estar aquí, pensó. –Te haré pasar, dijo la voz, gracias, respondió Hombre.
Mujer se había quedado dormida, en su rostro se dibujaba una expresión de odio, el ataúd estaba frío. Nadie se compadecía ya por ella. La sala de espera estaba vacía, el sacerdote había terminado de perdonar el cuerpo de Hombre y con él se fueron todos los creyentes. Mujer dormía de puro cansancio, estaba sola.
Dios, este sujeto quiere hablar con usted. El rostro de Dios hizo una mueca de confusión, que en el fondo escondía terror, nunc a antes había hablado con una persona una vez esta hubiese muerto. Había matado a millones, incluyendo a su propio hijo, pero nunca había hablado con un muerto. –Que pase, dijo Dios.
Hombre pasó con miedo, los pies le temblaban. Siempre dijo que no creía en Dios y ahora iba a hablar de quien sabe que con él. –No creo en ti, dijo Hombre, Entonces con quien estás hablando, preguntó Dios, Con el superior de Pedro, San, ¿San qué?, San Pedro, No con ese no, ¿Cómo?, No importa. Dios, que todo lo sabe, no estaba preparado para recibir a este hombre en su oficina. Desde que su hijo murió en la cruz el reino de este Dios se había expandido enormidades por él mundo conocido y desconocido, los creyentes estaban en todas partes del mismo, aunque un grupo de personas no creían en él, eran minoría y no le dolía pensar en eso.
¿Qué haces aquí?, preguntó Dios, Vengo a preguntarle el por qué no puedo regresar a mi casa, Porque estás muerto, no es razón suficiente para mí, ¿Cómo es posible eso?, Morí por no creer en ti, Y aquí estoy, ¿Entonces mi muerte es una razón de orgullo para ti?, Háblame de usted que soy tu Dios, Un Dios que me mató por no creer en él, Yo no te maté, Lo hizo gente que trabaja para ti, Nadie trabaja para mí, Entonces explotas a todo el mundo, Yo no exploto a nadie. La conversación era un debate entre un hombre no creyente y Dios, no es tan inverosímil como pensamos si imaginamos que hay muchos que no creen pero que de igual manera mueren como los que si creen.
Yo me quiero ir con mi mujer, dijo Hombre, ¿Tu mujer tampoco cree en mí?, preguntó Dios, Si eres Dios deberías de saberlo, No lo sé, Entonces no eres Dios, Si soy Dios, soy Dios de quienes creen en mí, Entonces porque estoy yo aquí, si no creo en ti, Porque no crees en nadie y en algún lugar deberías terminar, ¿No será porque me mataron tus creyentes?, Eso no tiene nada que ver, Si fuese así el cielo estaría sobrepoblado, ¿No?. Esa pregunta hizo enfurecer a Dios, que a reprimendas sacó a Hombre de su oficina, Mándalo a donde quiera, le ordenó a San Pedro.
¿Qué le dijiste al Señor que estaba tan enojado?, dijo San Pedro, Nada que debas saber, dijo Hombre. Si voy y resucito mataré a Mujer de un susto, me creerán mesías o algo por el estilo, meditaba Hombre mientras San Pedro con cara de impaciencia lo observaba. ¿Y a dónde vas a ir? Preguntó impacientemente San Pedro, ¿Puedo hablar con Jesús?, preguntó Hombre. La cara de San Pedro palideció, o por lo menos eso le pareció ver a Hombre. Después de una larga pausa San Pedro le dijo que Jesús no se encontraba ahí, eso de no poder decir mentiras en el cielo nunca le había parecido una regla estúpida a San Pedro hasta el día de hoy. Lo inevitable fue la pregunta que siguió al comentario de San Pedro: ¿Dónde está Jesús?
No está aquí, solo te puedo decir eso, Sabes más de lo que me quieres decir, No te puedo decir, ¿Alguien te lo prohíbe?, No, Entonces habla. El rostro de San Pedro se sembró un semblante de tristeza. Jesús murió desafiando a su padre, no quería crear lo que hoy se conoce como el Cristianismo, murió intentando burlar el destino que Dios puso sobre él, y se rehusó a llegar a este paraíso que él Señor construyó para su gente. No sé más. Hombre escuchó con cierta incredulidad y sorpresa. Aquel sobre quien fue cimentada la Iglesia nunca estuvo de acuerdo con lo que Dios quería de él. Quiero ir donde esté el, dijo finalmente Hombre, No sé dónde es eso, respondió San Pedro. Tu no, pero Dios si, No te va a decir, El té dio órdenes de que me mandaras a donde quisiera y esto es lo que quiero. San Pedro entró a la oficina del Señor y le comentó brevemente lo acontecido. Después de meditarlo por un segundo -Que así sea, exclamó el Señor.
Cuando Hombre llegó a la tierra de Jesús, Mujer lo esperaba, con una sonrisa que denotaba profunda alegría le dijo que lo amaba tanto como María de Magdala amaba a aquel que era rey de estas tierras. Jesús lo recibió con los brazos abiertos, al oído le dijo: Bienvenido seas hermano mío, este paraíso es tanto mío como tuyo.
Tu texto me resulta muy extraño.
ResponderEliminarYo quiero llegar a donde tú estés!
ResponderEliminarERES DE LO MAS ESTUPIDO QUE HE VISTO, TU HABLAS Y BLASFEMAS EN CONTRA DE DIOS, HACIENDOLE CREER A LA GENTE QUE CREES EN EL, PERO AL FINAL OCULTAS TU ODIO E INCREDULIDAD DE FUERZA, AMOR Y FE QUE VIVE EN DIOS TODOPODEROSO, NO TE EXPLICO MAS NO ENTENDERIAS, TU SOLO ERES UN ESTUPIDO, YO UN SIMPLE HOMBRE, Y SOLO DIOS TE HARIA ENTENDER POR QUE EL ES TODO COMPASION, Y YO NO, YO SOY COMO TU, BUSCO COMO SACIAR MI EGO Y DEFENDER LO QUE PIENSO, LA DIFERENCIA ES QUE AUNQUE YO SOLO SEA UNA PERSONA NORMAL, TU ERES UN POBRE ESTUPIDO, Y TENGO VENTAJA SOBRE TI, TE FALTAN PANTALONES PARA SER MAS HONESTO, PUEDES CONFUNDIR A LA GENTE...
ResponderEliminarTienes razón, arderé en el infierno. Voy por mis maletas.
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