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21 de abril de 2012

Me tomaste de la mano


Ayer me tomaste de la mano, me sonreíste y me besaste. El beso más dulce que he recibido en mi vida, el beso del amor incondicional que te profeso y solías ignorar hasta ayer que me tomaste de la mano. Mis brazos rodearon tu cintura, mi piel se erizó, mi corazón se detuvo y el tiempo fluyó. 

Ayer que me tomaste de la mano sentí el significado de la felicidad, este amor que te profeso será incondicional. Tus labios mordieron delicadamente los míos, mi amor posó en tu mejilla y mis ojos soltaron lágrimas de amor. 

Hoy que desperté me encontré llorando, soltando esas lagrimas de amor que el yo de mis sueños soltó mientras tu me tomabas de la mano. Hoy que te vi y no me tomate de la mano regresé a mi realidad. Algo si te puedo asegurar: mi amor seguirá siendo incondicional.

17 de diciembre de 2011

Hermosa Mujer

Hay cartas que no deberían ser escritas, así cómo hay amores que no deberían expresarse. El escritor no puede evitar escribir cuando la musa inalcanzable aparece frente a sus ojos con tanta intensidad que el corazón se acelera y la boca se seca con la esperanza de que esos labios llenen la sed que sienten de ti.

 La fina y delicada silueta que proyectas hace que las letras fluyan en todo su esplendor, gozando de la diversión que proporciona el espectacular oficio del amor. No pretendo hacer de esta carta una desesperada invitación a observar la desesperación que cierne dentro de mi cada que tu mirada perdida se encuentra fugazmente con mis ojos enamorados. Esa sonrisa que vive dentro de ti y que anuncia que no soy digno de poseerla, atormenta mis puños y alimenta mi satisfacción de escribirte esto que quizá nunca leerás. 

El dulce andar de tus pasos que deambulan por los inestables caminos de mis pensamientos organizan mis sentimientos de tal manera que no encuentro el adecuado para referirme hacia ti, hermosa mujer que con sólo pasar frente a mis pensamientos ocasionas la perdida de mis nervios y aumentas mi deseo de acompañarte el resto de la eternidad en este iracundo viaje que hemos de llamar vida. 

El escritor que no escribe no puede llamarse así mismo un artesano de las letras. Afortunadamente te tengo a ti, hermosa mujer, para que en esos momentos de depresión y ansiedad, llegues hacia mí y con el simple recuerdo de tu voz provoques esa explosión que deriva en estas cartas de amor que no han de ser leídas. 

Hermosa mujer de mis pensamientos, que nunca serás mía, gracias por estar ahí y hacerme vivir está alegría de ser el artesano de letras para tus dulces compañías. 

5 de diciembre de 2011

El mendigo




La gente cuenta que hace algunos años existió en mi pueblo un mendigo que se dedicaba a contar lo ocurrido la noche del 13 de Septiembre de 1948 en la clínica del Dr. Soberano. Según cuenta la leyenda el mendigo, del cual nadie se acordaba de cuál era su nombre, se dedicaba a auxiliar al Dr. Soberano todos los días. No tenía estudios universitarios, ni era un hombre de una inteligencia rescatable, sin embargo todo eso lo superaba debido a su capacidad para comprometerse en todo lo que hacía. 

Si uno se acerca al café Molinero que está en el centro, podrá escuchar las conversaciones de algunas personas que conocieron al mendigo, pero que hasta el día de hoy se niegan a ser quienes iban con él a los bailes los domingos o a llevarle serenata a la enamorada en turno. Alegan no haberlo tratado nunca. 
Doña Margarita atiende el puesto de pozol que está en la Avenida Niños Héroes, según los rumores de los que todos hemos escuchado pero nadie sabe de dónde vienen, hace muchos años era la enamorada del mendigo. Ella, por supuesto, lo niega rotundamente. Cuando uno se acerca a hablar con ella y le saca el tema del mendigo, su rostro se tensa e inmediatamente te invita, descortésmente, a salir de su negocio, dicen que hasta escupe en tu pozol, pero eso no lo he querido comprobar. Luego se puede escuchar los sollozos quietos y dolorosos que produce desde dentro de su ser.

El Diario de Tabasco dice en su edición del 14 de Septiembre de 1948 lo siguiente:
Muere el Doctor Soberano tras explosión inexplicable. La clínica de consultas quedó destruida por dentro. No hay sobrevivientes:

En un hecho tanto sorprendente como doloroso, fueron encontrados los restos del Doctor Soberano tras escucharse fuerte detonación dentro de la clínica ubicada en el Centro de esta Ciudad. Junto a los restos del Doctor se encontraron el 3 personas más, presumiblemente su asistente y su esposa. Las autoridades no se dan crédito de lo sucedido dentro de la clínica y no han proporcionado datos de cómo pudo ocurrir el incidente.

Lo que se puede leer en las ediciones posteriores es que se trató de un ‘Lamentable e inexplicable accidente’ y se decretó luto en el Estado por 3 días. Toda la clase política de la época fue al funeral del Doctor y días nadie se acordó nunca más de lo sucedido. 

Semanas más tarde apareció el mendigo, vestido únicamente con un pantalón de vestir remendado y una bata blanca, como de Doctor. Hablaba incoherencias, no le contestaba a nadie, vagaba por las calles de la ciudad y nunca se acercaba al lugar donde se encontraba la clínica del Dr. Soberana, cerrada hasta el día de hoy. La policía se lo llevó en más de una ocasión por ‘faltas a la moral’ y nunca le pudieron sacar una declaración de quien era o hacía donde iba. Dormía donde le caía la noche y se alimentaba de quien sabe que.

Fuego, Muerte, Dinero, Cuernos, Doctor, Fuego, Cuernos, Puerta, Muerte, Doctor. Incoherencias… Nadie lo sacaba de esas palabras. Mirada distraída, si alguien encendía un cigarro frente a él, recibía una buena paliza, el méndigo se le lanzaba con la intención de evitar que encendiera el fosforo. Unos gritos desgarradores salían de su garganta.

¡Fuego no! ¡Puerta: muerte y desolación! Repetía incansablemente. Si alguien le mencionaba el nombre del Doctor Soberano se quedaba callado. Su mirada parecía lucida… luego regresaba a los gritos y a las incoherencias.

Muchas historias terroríficas se especularon alrededor de la muerte del Doctor Soberano, desde una simple fuga de gas hasta un culto satánico que acabó con el Diablo haciendo acto de presencia en nuestro Estado para reclamar las vidas de los implicados. Lo cierto es que nunca se pudo demostrar si el mendigo era aquel que sirvió como auxiliar del Doctor. 

Algunos dicen vieron tiempo después al mendigo irse caminando rumbo a Cárdenas, otros dicen que acabó en un sanatorio. Lo cierto es que después de varios años mendigando por las calles de Villahermosa… desapareció sin más.

La gente aún habla del extraño caso del mendigo y el doctor, las leyendas urbanas que viven en nuestros abuelos y que a veces, solo a veces, creemos que fueron reales y las recreamos para ser parte de ellas.  

7 de noviembre de 2011

Miedo


Tengo la idea de que en el fondo si me querías. A pesar de que ese beso esperó para siempre, el cariño se encontraba presente en todo momento. Te lastimé y de pasó me lastimé a mí. No encuentro razones para excusar mis actos, ni esfuerzos para remediarlos. Lo que más me entristece del caso, es que me he convertido en malo del cuento, ese personaje que todos aborrecen y odia. Aquella persona que cuando el escritor decide matarlo, volverlo loco o algo por el estilo, esbozamos una sonrisa y nos sentimos a gusto con la historia. Ese soy yo. Sé que con estas letras te haré más daño del que ya te he hecho, no entiendo los sinsabores que el destino nos pone frente a nosotros, a veces creo que Dios se ríe de nosotros, de la manera en que nos complicamos solos la vida. Somos los bufones del reino de Dios.

Insisto en pretender saludarte, rara vez me contestas. Yo tan solo quiero pedirte disculpas, no tengo idea de cómo hacerlo. Me duele. Orden y contexto carecen por completo, el esfuerzo se reduce a versos inconexos que nunca leerás. Es triste pensar en lo que fue. A veces sueño contigo, pero no es un sueño, es más bien una pesadilla. Estas ahí, tomándome de la mano y yo… La aparto, sin escrúpulos, me alejo de ti. Me quiero detener, pero mis piernas siguen corriendo. Te cansas de seguirme y das media vuelta. Es entonces cuando me detengo, empiezo a seguirte, corro con todas mis fuerzas. No te alcanzo. Despierto llorando.
Algún día escribiré un cuento donde no sea yo el malo. Solo en papel, y quizá sea en papel donde nuestro destino sea estar juntos. Suspiro levemente y me introduzco en la vida cotidiana. Te imagino bailando salsa o quizá sentada detrás de un pupitre tomando nota en una aburrida clase acerca de los cromosomas o algo así. En ese momento es cuando me decido a escribir acerca de ti. Nunca lo había hecho antes. No sé porque. Miedo, tal vez. 

Me he dado cuenta que escribo poemas casi sin notarlo. Estos no tienen ni pies ni cabeza, mucho menos genitales, o una estructura. No sin dignos de ser leídos por nadie. Sucede que cuando los leo, me entra la exasperación y termino arrojando horas de trabajo literario a la basura, el llanto brota de mis ojos, descontrolado me sumerjo en el maldito poema que contiene ahora lágrimas secas, cada que sucede esto me recuesto en mi cama, me duermo y sueño contigo. Otra vez la pesadilla. Cada vez que te sueño estas más hermosa.

No recuerdo cuando fue la última vez que nos vimos. Quizá ese también fue un sueño. La última vez que fuiste protagonista de mis sueños, sin que esto se convirtieran en pesadillas, fue hermoso. Casi nos besamos. Mientras recuerdo y escribo esto, me doy cuenta de que siempre deseé tus labios, ahora los deseo más que cuando reíamos juntos y nos sonrojábamos al mismo tiempo ¿ves? Recuerdo nuestros buenos tiempos, mas no logro recordar cuándo fue la última vez que nos vimos. .

Me detengo a pensar que es lo que debo escribir ahora ¿Cómo termino esto? Le doy vueltas en mi mente. No logro encontrar la manera de acabar lo que estoy escribiendo. La desesperación comienza a caer sobre mí. Justo cuando mis ojos se empiezan a poblar de lágrimas, el ruido del teléfono celular me distrae, veo tu imagen bajo el lema que dice “llamando”. Sonrío y pienso que esta historia no ha terminado, no puede terminar. Tengo miedo de contestar. 

22 de julio de 2011

Conversaciones con Dios


La mujer llora ante la muerte del hombre. Triste y sin fe alguna, maldice al Dios que todos siguen y veneran ¡Maldita sea la hora en que pronuncié obligada palabras de amor! ¡Maldito seas tú, aquel que se hace llamar a si mismo Dios!  … Los fieles la miran con desprecio, otros en cambio sienten lastima por ella. Se preguntan cómo puede maldecir al Señor tan misericordioso que se apiadó del hombre dándole la muerte para evitar el sufrimiento de la vida. 

En el cielo, Hombre se ve ante las puertas del Paraíso. Confundido da vuelta y observa el umbral por donde llegó, intentó regresar a él. Una voz fuerte lo detuvo -¿Dónde vas?, preguntó esta –A casa, respondió el hombre. Acabas de morir, no puedes regresar, ¿Quién me lo prohíbe?, Tu Dios, por el que estas aquí,  Yo no creo en ningún Dios, ¿Entonces qué haces aquí?, Morí, ¡Ajá!, Eso no significa que tenga que creer en ese Dios, No entiendo, Ni entenderás nunca. 

El ataúd yace sobre la base metálica, Mujer sigue sufriendo. Una cruz se alza en todo su esplendor sobre el sarcófago de madera que contiene el cuerpo sin vida de Hombre. Jesús de Nazaret, crucificado tiene la mirada puesta sobre el ataúd, con una expresión de dolor, que muchos dirían es por el hecho de estar crucificado, pero que realmente es por el hecho de que otra persona sin nombre haya muerto a causa de dudar de él.   

-¿Y tú quién eres?, preguntó Hombre, San Pedro, respondió la voz. ¿Tú me prohibirás regresar a mi casa?, No, Entonces me voy, No puedes, ¿Por qué?, Moriste, ¿Y?, Es suficiente razón para no volver, Pero no quiero estar aquí, Tendrás que estarlo, Quiero hablar con tu superior, Mi superior es Dios, Pues con el quiero hablar, Pero no crees en él, Eso no me limita para hablar con él. San Pedo dudó un momento, nadie nunca se había atrevido a no querer entrar al paraíso, ¡Mucho menos a querer hablar con Dios! Debería estar agradecido de estar aquí, pensó. –Te haré pasar, dijo la voz, gracias, respondió Hombre. 

Mujer se había quedado dormida, en su rostro se dibujaba una expresión de odio, el ataúd estaba frío. Nadie se compadecía ya por ella. La sala de espera estaba vacía, el sacerdote había terminado de perdonar el cuerpo de Hombre y con él se fueron todos los creyentes. Mujer dormía de puro cansancio, estaba sola. 

Dios, este sujeto quiere hablar con usted. El rostro de Dios hizo una mueca de confusión, que en el fondo escondía terror, nunc a antes había hablado con una persona una vez esta hubiese muerto. Había matado a millones, incluyendo a su propio hijo, pero nunca había hablado con un muerto. –Que pase, dijo Dios. 

Hombre pasó con miedo, los pies le temblaban. Siempre dijo que no creía en Dios y ahora iba a hablar de quien sabe que con él. –No creo en ti, dijo Hombre, Entonces con quien estás hablando, preguntó Dios, Con el superior de Pedro, San, ¿San qué?, San Pedro, No con ese no, ¿Cómo?, No importa. Dios, que todo lo sabe, no estaba preparado para recibir a este hombre en su oficina. Desde que su hijo murió en la cruz el reino de este Dios se había expandido enormidades por él mundo conocido y desconocido, los creyentes estaban en todas partes del mismo, aunque un grupo de personas no creían en él, eran minoría y no le dolía pensar en eso. 

¿Qué haces aquí?, preguntó Dios, Vengo a preguntarle el por qué no puedo regresar a mi casa, Porque estás muerto, no es razón suficiente para mí, ¿Cómo es posible eso?, Morí por no creer en ti, Y aquí estoy, ¿Entonces mi muerte es una razón de orgullo para ti?, Háblame de usted que soy tu Dios, Un Dios que me mató por no creer en él, Yo no te maté, Lo hizo gente que trabaja para ti, Nadie trabaja para mí, Entonces explotas a todo el mundo, Yo no exploto a nadie. La conversación era un debate entre un hombre no creyente y Dios, no es tan inverosímil como pensamos si imaginamos que hay muchos que no creen pero que de igual manera mueren como los que si creen.

Yo me quiero ir con mi mujer, dijo Hombre, ¿Tu mujer tampoco cree en mí?, preguntó Dios, Si eres Dios deberías de saberlo, No lo sé, Entonces no eres Dios, Si soy Dios, soy Dios de quienes creen en mí, Entonces porque estoy yo aquí, si no creo en ti, Porque no crees en nadie y en algún lugar deberías terminar, ¿No será porque me mataron tus creyentes?, Eso no tiene nada que ver, Si fuese así el cielo estaría sobrepoblado, ¿No?. Esa pregunta hizo enfurecer a Dios, que a reprimendas sacó a Hombre de su oficina, Mándalo a donde quiera, le ordenó a San Pedro. 

¿Qué le dijiste al Señor que estaba tan enojado?, dijo San Pedro, Nada que debas saber, dijo Hombre. Si voy y resucito mataré a Mujer de un susto, me creerán mesías o algo por el estilo, meditaba Hombre mientras San Pedro con cara de impaciencia lo observaba.  ¿Y a dónde vas a ir? Preguntó impacientemente San Pedro, ¿Puedo hablar con Jesús?, preguntó Hombre. La cara de San Pedro palideció, o por lo menos eso le pareció ver a Hombre. Después de una larga pausa San Pedro le dijo que Jesús no se encontraba ahí, eso de no poder decir mentiras en el cielo nunca le había parecido una regla estúpida a San Pedro hasta el día de hoy. Lo inevitable fue la pregunta que siguió al comentario de San Pedro: ¿Dónde está Jesús? 

No está aquí, solo te puedo decir eso, Sabes más de lo que me quieres decir, No te puedo decir, ¿Alguien te lo prohíbe?, No, Entonces habla. El rostro de San Pedro se sembró un semblante de tristeza. Jesús murió desafiando a su padre, no quería crear lo que hoy se conoce como el Cristianismo, murió intentando burlar el destino que Dios puso sobre él, y se rehusó a llegar a este paraíso que él Señor construyó para su gente. No sé más. Hombre escuchó con cierta incredulidad y sorpresa. Aquel sobre quien fue cimentada la Iglesia nunca estuvo de acuerdo con lo que Dios quería de él. Quiero ir donde esté el, dijo finalmente Hombre, No sé dónde es eso, respondió San Pedro. Tu no, pero Dios si, No te va a decir, El té dio órdenes de que me mandaras a donde quisiera y esto es lo que quiero. San Pedro entró a la oficina del Señor y le comentó brevemente lo acontecido. Después de meditarlo por un segundo -Que así sea, exclamó el Señor. 

Cuando Hombre llegó a la tierra de Jesús, Mujer lo esperaba, con una sonrisa que denotaba profunda alegría le dijo que lo amaba tanto como María de Magdala amaba a aquel que era rey de estas tierras. Jesús lo recibió con los brazos abiertos, al oído le dijo: Bienvenido seas hermano mío, este paraíso es tanto mío como tuyo. 



25 de marzo de 2011

El perdón de Dios está en el orgasmo



María se paseaba todos los días por las calles de la ciudad en búsqueda de algo que le faltaba. Por supuesto, y para hacer amena esta historia que les cuento, María no tenía idea de que era lo que buscaba, no sabía ni lo que sentía, y mucho menos lo que quería. Sin embargo si conocía lo que deseaba, y eso la asustaba mucho. 

En las noches siempre calurosas de la región, María llegaba a su hogar a soltar en llanto las andaduras del día. No lograba entender el porque no encontraba eso que le hacia falta, y aunque le daba vueltas al asunto, se quedaba dormida de puro cansancio antes de lograr hilvanar un par de pensamientos coherentes. 

Su familia siempre fue de lo más religiosa. Mexicano típico que adopta el catolicismo por miedo al infierno. Su padre, típico mexicano que iba a la iglesia por la mañana, al bar por la tarde, y a pegarle a su mujer por la noche, siempre había deseado un hijo varón. Lo podemos imaginar con su rostro en una facción grotesca cuando María nació. Una hembra. ¡Cómo era posible que esto le pasara a el! Tan religioso y tan de voto de su señor Jesucristo. Le mandaba una hembra que nomás servía para lavar trastes y coger. 

A diferencia de su padre, su madre era la típica mujer mexicana. Siempre al pendiente de las necesidades de su marido, siempre llegando a la iglesia, siempre rezándole a la virgen, siempre golpeada, siempre cogida por un borracho que le daba asco. Pero se aguantaba como las buenas hembras, ¡Que para eso fueron criadas! 

No se necesita ser un gran sabio para imaginar la clase de educación que María recibió. Aprendió a realizar todas las tareas propias de una dama decente. Limpiar, planchar, coser, cocinar, coger sin rezongar, aguantar los madrazos del macho en turno… sin embargo no aprendió a coger. No, su padre donde iba a dejar que a su hija se la fuera a coger un desgraciado borracho de esos que andan sueltos por ahí. Le contó mil y una historias para meterle miedo. Desde chiquita le decía que se cuidara eso, que no se lo diera a nadie, que no lo enseñara. Que el día que un hombre la tocará los iba a matar a los dos. 

Una infancia llena de miedos, y una adolescencia llena de remordimientos. Empezó a desarrollarse, los pechos eran volubles y sensibles, las piernas torneadas, la cadera ancha, las nalgas duras, y la cara hermosa. Los hombres siempre detrás de ella, y ella siempre llorando de miedo cuando veía uno. La virgen, única compañera de cuarto y de nombre, su confidente. Ella sabía todos sus pensamientos, aunque no se los contara. Sabía de aquella vez que se había tocado, y cómo se había quemado esa mano por remordimiento. Sabía de los deseos, de las ganas de gritar como su madre fingía para que el padre estuviese a gusto. 

Cuando sus padres murieron, María se quedó sola en esa casa. Viviendo de la herencia y pensiones, yendo a la iglesia cada domingo sin falta, apoyando en las labores humanitarias, aportando lo poco que tenía para que su iglesia se viera siempre bonita… sufriendo cada que veía al padre Ramón. 

El padre Ramón era un sacerdote poco ortodoxo. Muy joven y bien parecido, coqueto a veces, sin querer quizá. Siempre atento de sus ovejas, como el les llamaba. Servicial, amigable, amable. María sufría, y no sabía el porque. 

Cada sábado se confesaba para poder tomar la comunión. También para escuchar la voz del padre Ramón. Pecados mundanos, algunos corrientes y otros inventados. Siempre tenía algo que confesar al padre. Pero su pecado real nunca debía de ser revelado. Desde que sus padres murieron el deseo por un hombre eran cada vez más agudos. A pesar de que esos pechos volubles iban desapareciendo y el cuerpo estaba cada día más fofo, los hombres seguían volteándola a ver, deseándola, y ella deseándolos a ellos. 

Todos los días caminaba por vieja y fea ciudad. Observando a las parejas, espiando a los adolescentes sin pudor. Acudiendo cerca de las cantinas a oler a su padre. Cada que pasaba por la iglesia se detenía a contemplar la nada, pensar en el padre Ramón, querer entrar por sus fueros y tenerlo. Luego llegaba a su casa a llorar desamparadamente, a tocarse y quemarse cada día. 

El temor la carcomía, el remordimiento la hería desde dentro. Desesperada acudió al padre Ramón. Conciente de que lo que le había de confesar tenía que ser cuidadosamente contado. ¿Por donde empezar? Quizá por el principio. Le contó poco a poco lo que su padre le decía. Se detenía a pensar con mucho cuidado cada palabra que iba a pronunciar. También le contó los gritos de su madre, sus deseos, cómo se sentían sus pezones cada que veía a un hombre apuesto, la vez que se tocó y se quemó la mano como represalia. Toda su vida de miedos y frustraciones. Le rogó al padre Ramón que le diera la cura, que le dijera como podía obtener el perdón de Dios por sus pecados. No obtuvo respuesta, el padre Ramón ya no estaba del otro lado. De pronto se apareció justo donde se encontraba ella, el padre cerró la puerta del confesionario, y le dijo con un susurro apenas audible: ‘El perdón de Dios está en el orgasmo, hija mía’. 

1 de marzo de 2011

Paseando con Godzilla



Me encuentro deambulando por la gran ciudad, pensando en los ayeres que no sucedieron y en los mañanas que no sucederán. El grito que nadie escucha retumba en mis oídos con una persistencia endiablada, la canción de amor que esconde el odio entre líneas suena en mi cabeza. 

Sufro pensando en el niño que duerme en el cartón, o en la mamá que vende dulces mientras cuida de sus retoños. Pienso también en el estúpido ciclo de la vida y en el porque me tocó estar aquí. No puedo evitar observar como una mariposa sobrevuela mi cabeza mientras un sentimiento de odio me atrapa y busco insatisfactoriamente matarla. 

Los automóviles circulan mientras yo busco cruzar la avenida. Sin conseguirlo prosigo en busca del monstruo en que me quiero convertir. Sin encontrarlo aún. En el parque una pareja procrea una vida, mientras busco desviar la mirada para no ser cómplice de su lujuria.  

El sol se está desvaneciendo, pienso que está cansado. Igual que yo y mi búsqueda. Las palabras no salen de mi boca, las acciones no mueven mi cuerpo, el amor no me motiva a vivir. El monstruo que habita en mi cabeza se esconde y sale a flote cuando menos lo quiero ver. 

Sobrevivo en  base a esa búsqueda y exterminio de mi monstruo. Nunca lo encontraré, me pasaré la vida deambulando por la gran ciudad, paseando con mi alma en la búsqueda de mi mismo. 

25 de enero de 2011

A la espera de una final que jamás se jugará



Rodrigo y Alberto tenían muchas cosas en común: el gusto por el fútbol; las viejas y la familia. Primos de esos lejanos de sangre pero cercanos de corazón, de esos que se partían la madre con el que se metiera con su sangre. De esa clase de familiares que se cubrían el uno al otro. De esa clase de parientes de los cuales el jugar una partida el FIFA soccer del año que estuviese en curso era lo máximo del planeta. 

Partidos desafiantes, emocionantes, excitantes, maravillosos, pasionales, nada aburridos, y cuanto adjetivo les guste. A veces ganaba Rodrigo, otras tantas Alberto. Lo importante era divertirse y ganar a como diera lugar. De vez en mes se les unían otros familiares, que al verse goleados optaban por irse a platicar de Kalimba o el tema que estuviese de moda. 

Cada fin de semana sin falta se reunían en casa de Rodrigo, ya que este tenía la consola de videojuegos, para empezar una serie de partidos que denominaban ‘mundiales’. Italia con Totti y Del Piero como figuras por un lado, Alemania con Ballack y Lahm por el otro. 

Por lo general el fin de semana no daba el tiempo necesario para que los mundiales fueran acabados como dios manda… o por lo menos que las cocas duraran toda la noche. 

Un fin de semana como cualquier otro, una vez que cada quien había perfeccionado su equipo, que Toni competía con Klose por el titulo de goleo y que Lehman y Buffon no habían encajado un solo gol en toda la competencia: un mundial perfecto para el que lo ganara. 

El tiempo se adelanto, la espera era irrespetuosa de las necesidades y responsabilidades. –Lo dejamos para el que viene, en tu casa- Dijo, Alberto. Se despidieron con un abrazo como era la costumbre. 

Un inoportuno chofer de transporte público iba a truncar esa final soñada, ir a exceso de velocidad y con el reguetón a todo volumen, unas cuantas latas de modelo y una línea de coca. Eso basto para que Alberto nunca regresara a jugar esa final, para que Rodrigo se quedara solo… para que el FIFA no se volviera a tocar. La espera iba a ser eterna, por una final jamás jugada. 

30 de noviembre de 2010

Todo mi amor



El ambiente denotaba tristeza. Rose, la amada Rose, se encontraba postrada en su cama, sin poder mover un solo músculo de su cuerpo, implorándole a su Dios que se la llevara de una vez por todas, que no la hiciera sufrir mas, ya no aguantaba la agonía de verse a si misma en esas condiciones. Charles lloraba desconsolado en la sala, mientras el olor a cigarro lo mareaba y frustraba al mismo tiempo. Su familia no sabía de que manera reaccionar para consolar a Charles, ¿Cómo reaccionamos ante la muerte? 

Lleva así desde las 3 de la tarde, doctor, ya es medianoche y sus ojos indican que está sufriendo de sobremanera ¿Qué hacemos?  El doctor no supo otra cosa que decirle, solo podemos esperar. Sabían que el momento iba a llegar tarde o temprano ¿Pero por qué ahora? ¿Por qué no me la regalan otro día? El odio hacia su Dios iba creciendo cada vez más en el corazón de Charles. 

Charles necesitaba agarrar fuerzas, o por lo menos eso le decían todos en cuanto le veían. ‘Se fuerte’ ‘Rose necesita verte bien’ ‘Que ella no te vea mal’ ‘Estamos aquí para apoyarte’. Sabias palabras de personas que nunca habían estado ahí mientras Rose se retorcía del dolor, mientras la desesperación invadía cada centímetro de su cuerpo y el gritar se convertía en un método de supervivencia. 

En la habitación Rose movía los ojos de manera desesperada, intentaba decir algo, era imposible, la fuerza se le había escapado. ¡Charles, ven pronto! Gritaban desde el cuarto. Lentamente y con el semblante aterrado Charles se acerco a los ojos de su amada Rose, recordaba cada paso que dieron juntos, cada historia que se contaron, cada momento de pasión y cada lágrima derramada… todos esos momentos juntos, esos momentos que nunca olvidarían.  

Rose movía sus bellos ojos miel buscaba a su amante y este sabía que la hora estaba llegando… La vida se le estaba yendo de las manos y el no podía hacer otra cosa mas que abrazarla. Esa maldita desesperación del no saber que hacer, que decir… ¿Cómo consuelas a una persona que se está muriendo en tus brazos? ¿Cómo te consuelas cuado esa persona es el ser que mas amas en el mundo? 

Sin pensarlo ni una vez mas le cantó al oído, muy suavemente, con la voz firme y sin denotar llanto, le cantó con el alma en el corazón… y de despidió con beso.  

‘Close your eyes and i'll kiss you, tomorrow i'll miss you, remember i'll always be true. And then while i'm away i'll write home every day, and i'll send all my loving to you’.

19 de noviembre de 2010

El disfraz de los sueños rotos



Ricardo se colocó el disfraz para salir, afino los detalles y se dispuso a dar su mejor actuación, sus colegas no le podrían ver de esa manera. Si veías con cuidado a Ricardo su disfraz no era infalible, pero cumplía correctamente con su cometido. 

Recorrió el amplio pasillo que conecta a las recamaras con la entrada principal, volteo hacia el llavero y notó que sus llaves no estaban, últimamente no tenía la cabeza en ningún lado y empezaba a desesperarse por tener que buscar sus llaves cada mañana desde hace 2 semanas. Debajo del sofá, arriba del televisor, sobre el ordenador, en la cama, el patio, el altar de muertos (donde figuraba una fotografía de Lucía), no encontraba esas malditas llaves por ningún lado. Desesperado acudió hasta su cocina y al buscar una gaseosa en el refrigerador se topó con que las llaves se encontraban justo a un costado de los tamales de masa colada que despreció la noche anterior. 

Antes de salir por esa puerta se aseguró de que cargaba todo consigo. Pasó lista: Celular, llaves, cartera, licencia, credencial de la empresa, lapicero, pantalones. Todo estaba listo. Se entretuvo un rato observando a una pequeña araña blanca que recorría alegremente las paredes de su casa, posiblemente encontraría telarañas en un par de días, no lo sabía. Se despidió de lucía con un amargo adiós y cerró la puerta de su hogar. 

Arrancó su carro, coloco su disco favorito y empezó su andar. Cinco minutos después tuvo que regresar a su casa porque no le había puesto el seguro a la puerta, y en este país cuando regresara no iba a encontrar nada, posiblemente ni la foto de Lucía. Con un gesto de desprecio remarcado por esos labios gruesos se contempló en el espejo y practicó su disfraz para cuando llegara al trabajo. 

Saludó a Don Juan, el guardia del edificio donde Ricardo trabajaba, y estacionó su pequeño, pero funcional, vehiculo verde (El chícharo le decían, ya que está de moda). Una pequeña sonrisa y un cortes movimiento con su mano derecha sirvió para pasar a Karen, la recepcionista, sin que esta lo interrogara. Casi cantaba victoria, en el elevador solo tenía que fingir que observaba algo en su teléfono o algunos papeles con apariencia de importantes para el trabajo y lograría burlar a los desgraciados que se subieran con el. 

Llegó a su oficina, con la sonrisa falsa y saludó a Hernán. Prendió el computador, los ojos le brillaban y ardían, debía contener las lágrimas, cuando regresara a su casa podría llorar todo lo que quiera a la hora de recoger su altar. Una voz lo hizo despedazarse, sin esperanzas de contener ese disfraz que tanto necesitaba para ocultar su debilidad y mantener su imagen como macho dominador e insensible que era. Con la voz entrecortada le dijo a Lucía que en unos momentos le llevaba la notificación, que por favor esta vez si le esperara y que no desesperara… tal como lo hizo hace dos semanas.  

7 de noviembre de 2010

Johnny come home



El abismo se vislumbra al final de camino, y John no sabe que hacer. Desesperado busca nadar contra corriente, correr en sentido contrario, volar hacia el sur. Le teme a lo desconocido y la oscuridad que amenaza con cubrirlo se hace cada vez mas fuerte. 

Decide acostarse en su cama y soñar. Pájaros sobrevuelan su mente con ideas retorcidas de amores que no fueron y deseos que se quedaron en eso. Pensamientos fúnebres buscan mentalizar a un desesperado John. La cama da vueltas y John se siente mareado, busca un vaso con agua… Un duro golpe lo despierta, una calle solitaria y negra. Un perro que busca comida, un mendigo que quiere dinero…y John. 

Símbolos de paz, sexo en las calles, música apenas perceptible, el inconfundible olor a tabaco… y Jonh. Siente que la cabeza le da vueltas, quiere hablar pero no puede, busca gritar cosas sin sentido, quiere que alguien lo vea. El perro se acerca al mendigo, una mujer le guiñe el ojo, un hombre golpea a esa mujer, una pistola se acerca a el.

Sigue buscando el vaso con agua, siente la boca seca. Licor abundante, tabaco, marihuana, sexo… y John. La cabeza va a estallar, el pensamiento lo aqueja, la canción que se escucha lo duerme, no quiere dormir, busca despertar. Tiene miedo, busca un vaso con agua, la mujer le guiñe el ojo otra vez, y el mismo hombre la vuelve a golpear. 

Sigue caminando y ve al mismo mendigo con el mismo perro, escucha la misma canción, le ofrecen licor, tabaco y drogas, observa la misma calle, se percata de que está mas oscura, la mujer vuelve a ser golpeada… la pistola está mas cerca. 

Un edificio se cae, la canción cambia, la mujer golpea al hombre, el perro se come al mendigo, el licor desaparece, la cocaína llega, el hombre le guiñe el ojo, la calle se hace mas oscura, la cabeza estalla, la pistola se acerca…y Jonh. 

Despierta en su cama, bebe un vaso con agua, se da cuenta de su realidad, no quiere vivirla, busca en su buró, saca la pistola, una pastillas, una libreta, la canción de su sueño, la mujer que le guiñe el ojo, el perro que se come al mendigo, la cabeza en su lugar, una foto de ella… Duerme otra vez. 

3 de noviembre de 2010

Filosofía del amador



Yo se que las cosas pueden mejorar. Sensaciones extrañas recorren mi estomago mientras paseo por las solitarias calles de Villahermosa. Solitarias, a pesar de que están llenas de personas que viven sus vidas a como dios les da a entender.

Solitarias porque el camino está borroso y la infamia del amor es evidente. El dolor se muestra a flor de piel y el corazón estalla en un arrepentimiento sin sentido. A mi lado un papá y su hija disfrutan un esquite mientras le sonríen al payaso amargado que hace trucos con su nariz. 

Sigo en mi recorrido por esas solitarias y sombrías calles sin que nadie se percate de mi existencia, imaginando eso que pudo ser y que al final nunca sabré. Me siento culpable, ¿Pero qué acaso no somos ambos los culpables? Ambos nos perdimos en el camino y elegimos destinos distintos sin siquiera voltear atrás. La simple idea de que en algún momento esos caminos vuelvan a encontrarse hace que el corazón se agite y que las manos se duerman. La incertidumbre hace que la cabeza de vueltas y que los ojos busquen desesperadamente un lugar para ser guardados y nunca mas salir. 

Me siento perdido, y la visión de la vida no tiene sentido. ¿Qué estoy buscando? No recuerdo hace cuanto estoy caminando y cuantas historias acaban de pasar a mi lado, sin que ellos tengan idea de la historia que traigo a cuestas y el peso que se cierne sobre mi espalda. 

Me siento tentado a entrar a ese bar de mala muerte que tengo frente a mí. Observo mis bolsillos vacíos y continúo mi camino hacia ningún lado. Busco alguien con quien hablar y no se me ocurre nadie mejor que… Una mujer camina sola, con el semblante perdido, los hombros caídos y los ojos vacíos. El reflejo femenino me da escalofríos, quiero dejar de mirarla pero no puedo, imagino lo desdichada que está, el dolor que siente y quiero ayudarla. Me detengo y observo, la veo, la sufro, me da pena y miedo; la pasión que se refleja en sus ojos y el dolor en su boca me da ganas de llorar, pero no lo hago, no puedo evidenciar mi debilidad, mi dolor, mi pasión. 

Sigo mi recorrido hacia ningún lado, esperando que el final se encuentre cerca. Espero que el dolor sea sustituido pronto, que el tiempo siga su curso, que la vida continúe y que los caminos se vuelvan a encontrar… para siempre. 

12 de octubre de 2010

Letras muertas



Caminando por el boulevard se encontraba Rafael, deambulando sin encontrar una razón del porque. Sollozando debido a un amor que nunca existió y que jamás conoció; ahí, Rafael. 

Triste y sin animo se concentro en observar a aquellos que, sin saberlo, pasaban delante de el, felices, sonrientes, amables, irónicos, vacíos. Se preguntaba Rafael ¿Cómo es que ellos tienen el valor para sonreír, el calor para amar y la paciencia para vivir? 

Los coches anunciaban que el tiempo avanzaba, la noche caía y Rafael continuaba con su camino… hacia el olvido. 

Recordaba con nostalgia el día que decidió casarse con Amanda. Hermosa como ella solo lograba serlo, el milagro de la evolución reflejado en esos bellos ojos miel y en esa sonrisa que denotaba una coquetería que cualquier persona envidiaba. 

Recordaba el día que decidió ir a buscar unas flores para regalárselas a Amanda, un par de días y sería su mujer. Se subió al coche, y partió rumbo al boulevard. In-A-Gadda-Da-Vida, fue su elección para el trayecto. 

En el jardín del Edén quería estar, sin embargo no lograba salir de ese boulevard donde horas antes había perdido la vida. 

3 de octubre de 2010

Dama Ciega









Un miércoles frío y con lluvia torrencial, María Sánchez, licenciada en derecho, litigante, madre, abogada, hija, hermana, esposa, despertaba a las 5 de la madrugada, sacó del cajón una bata y se dispuso a asearse. Sacó un puñado de papeles que dispuso a ordenar en orden cronológico y se concentro mentalmente para disponer todos sus argumentos de la diligencia del día de hoy. 

Cuando observó que todo estaba en regla, se dirigió hacia el pequeño comedor que hace unos años habían adquirido ella y su esposo con gran emoción. Se preparó un desayuno rápido y se concentro en su arreglo personal. Eligió un atuendo que le da un elemento más importante que cualquier argumento jurídico: un escote. 

A eso de las siete de la mañana recorrió el estrecho pasillo que terminaba en la sala de su hogar, cogió las llaves de su tsuru 2005 y le dejó una nota a su marido. El día se figuraba extrañamente indiferente, los camiones del agua y del gas recorrían la extensa avenida y unos perros callejeros intentaban romper una bolsa de basura en busca de cualquier resto de comida. 

-Licenciada Sánchez
-Dígame, señor Juez
-¿Tiene listos sus alegatos?
-Así es su señoría
-Por favor, entréguelos a la licenciada Ávalos

 María había dejado sus alegatos en un maletín color caqui que siempre llevaba consigo durante sus horas de trabajo. Pensaba que le otorgaba una imagen seria y agradable a la vista de sus compañeros de profesión. Inteligentemente lo dejaba a sus pies siempre que tenía que entregar un documento importante, por lo que para obtener el papel, se tenía que agachar. 

Un movimiento simple y provocativamente lento, con un buen escote y un sujetador firme que dejase ver poco mas de lo permitido, junto a un juez libidinoso es lo suficiente para ganar un proceso sin tener que aplicar complicados teoremas jurídicos. María sabía que ya había ganado, no tenía por que esforzarse mas. Las batallas que había elegido enfrentar todos los días implicaban eso y más. Mucho más.


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Publicado originalmente en Desmenuzadores el 30 de Julio del 2010

28 de septiembre de 2010

La ciudad de las dos mentiras



Paisajes taciturnos rodean mi existencia, miradas tristes sin saber que lo están, pensamientos lúgubres sin tener noción del tiempo. Villahermosa se ha convertido en la ciudad de las dos mentiras. 

Golpeada fuertemente durante cuatro años, asolada por unos incompetentes a los que el pueblo les cedió la confianza para hacer de este un mejor lugar para vivir. Villahermosa llora, y su pueblo también. 

Calle ensangrentadas por baches sin reparar, lastiman a los caballos con motor que osan atravesar los campos minados de la ciudad de las dos mentiras. Costales que te hacen recordar que en cualquier triste momento tu vida se va a la mierda, una vez más. Un pueblo apático que delega responsabilidades a sus representantes sin importarles siquiera en buscar la manera de ayudar a esta ciudad que les ha dado de comer. 

Villahermosa llora, por sus ríos sin control, por su insuficiente infraestructura, por su gente que no la quiere. Tabasco nos pide a gritos que recuperemos el amor por esta tierra, alguna vez bien llamada el edén, que de ese edén hoy no queda nada. 

La esmeralda del sureste ha perdido su brillo, los que a puños han sembrado su vida se les ha olvidado la cosecha de la misma. Los que a base de sangre han alcanzado el éxito, se les olvida donde lo consiguieron. Los que leen a Pellicer, se les olvida donde nació. 

Villahermosa se ha convertido en la ciudad de las dos mentiras, cada día crece y deja de ser villa. Cada día la abandonamos mas, y eso la deja sin ser hermosa. 


"Agua de Tabasco vengo,
Agua de Tabasco voy,
De agua hermosa es mi abolengo
Y es por eso que aquí estoy,
Dichoso con lo que tengo".
Pellicer. 

11 de septiembre de 2010

La primavera se desangra en París



Se encontraba frente a frente con la hoja en blanco, el sudo recorría su rostro en forma de gruesas gotas que se perdían en el suelo. Su cerebro carburaba sin descanso ante tremendo reto. No lograba concentrarse, ni mucho menos lograr posar el lápiz en la hoja. Deseaba fervientemente que algo le diera esa inspiración que el tiempo le había quitado de manera súbita, sin avisar, sin lograr predecir o tomar precauciones. 

No tenía ni la más minima idea de que era lo que le había pasado. Un mal día despertó sin ideas, sin sueños, sin anhelos ni deseos. Se encontraba muerto en vida. La pasión por escribir se había desvanecido. Revisaba sus apuntes, sus textos, sus ideas, sus pasiones, sus sueños, sus amores… nada le daba esa alegría que tenía la noche antes. 

Tachaba palabra tras palabra. La hoja le daba la impresión de arrogancia, esa hoja en blanco lo estaba retando y el no sabía como encarar el desafío. ¿Amor? ¿Muerte? ¿Sexo? Nada le complacía. Una copa de coñac, un vaso de agua, un poco de coca… 

Se encontraba drogado en su habitación, desesperado, atiborrado de pensamientos nefastos y desesperanzadores. ¿Suicidio? ¿Escribir mi propio suicidio? ¡Una idea! No lo podía creer, se le había ocurrido una idea. 

¿Cómo me mataría? ¿Envenenado? ¿Ahorcado? O quizá me lance del onceavo piso del hotel… ¿Cuál sería el móvil? ¿Una carta? ¡No! Un relato de su propia muerte, justo como un profeta. La escribiría y a la postre cumpliría al pie de la letra, paso por paso, sin dejar ni un solo detalle fuera…

Anunciaría al mundo su muerte… Tomó el lápiz, y le dijo a la hoja en blanco ‘te va a llevar la chingada’. ¿Cómo iniciar? El día que voy a morir… No, así no. La muerte del profeta… ¿En que estaba pensando? Quizá lo mas importante no era el inicio, sino el final… ¿Sería capaz de escribir su propio final? Un buen inicio, un enorme desenlace. 

El día en que la imaginación me dio tregua y la ingenuidad me dio valor, escribí esto. Una gota de sangre recorre la hoja que me desafía. Y, sin pensarlo dos veces utilizaré un método efectivo y doloroso… 

Dentro de unos meses llamaré a Rizumu. Es hora, será todo lo que le diré… y el sabrá. Ya compré el kimono blanco, el tantō lo tengo desde hace mucho tiempo, un regalo de Shiruku que en su momento consideré inservible. Lo que son las cosas, ese obsequio será lo que defina mi muerte… y mi destino.

El momento llegará, no sentiré nervio. Vestiré mi kimono de una manera elegante, y Rizumu tendrá todo listo… Oh, Rizumu, siempre tan servicial. Se que no te negarás. Cubriré el tantō con el papel de arroz, y se lo daré a mi kaishaku. Cerraré los ojos, mientras disfruto del inmenso dolor que he de sufrir. De rodillas, y de blanco, sin sangre en las manos… Una señal rápida, antes de que mis viseras terminen por arruinar la alfombra, y después… Mi cabeza, ésta que idea, que piensa, que sufre… ésta que está maquilando, no dependeré más de ella. Nunca más. 

Ya la vi rodando, con los ojos cerrados. Rizumu, tú siempre fiel. Se que guardarás esa cabeza… Se que la tirarás donde nos conocimos. El Sena será el paisaje ideal para que ésta cabeza que tanto odio descanse… Mientras mi cuerpo, ese que no vale nada, se disuelva hasta convertirse el polvo, que los gusanos se den su festín… Y yo, sin pasión, ni amor… Que la primavera se desangre en París. 

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Oh non rien de rien
Oh non je ne regrète rien



18 de agosto de 2010

Querida tú.



¿Alguna vez te has puesto a pensar lo mucho que significas para mí? Realmente lo dudo, y no es por la manera en la que me ignoras, ni la manera en la que te fijas en mi existencia solo cuando necesitas ayuda para algo. Solo se que ignoras que lo que siento es algo mas que una simple calentura digna de un adolescente. 

Es mas, estoy seguro que ni vas a leer esto, y si en su defecto, lo llegas a leer, no tendrás ni la menor idea de que se trata de ti. Es imposible resumir en este escrito las, tan coloquialmente llamadas, ñañaras cada te veo, te escucho o te huelo. Si, tienes un olor diferente al resto de las personas; no estoy seguro si es tú perfume, tú shampú, o quien sabe que otra cosa te pondrás cuando te arreglas, igual y es una combinación de todo. Algunos dicen que son las feromonas o quien sabe que otras pendejadas mas. 

Vaya, esa grosería no va ad hoc de este texto. Pero que madre me importa, es algo inevitable cuando uno siente lo que estoy sintiendo, cuando uno piensa en lo que estoy pensando. Hace tanto tiempo que estoy detrás de ti, que me cegaste con locura. Y digo que me cegaste metafóricamente… o quizá no. Quizá sea por eso que siempre te veo hermosa, vayas como vayas vestida; no importa si vas en pants, falda hasta el tobillo (aunque sinceramente, prefiero cuando llevas cinturones anchos), si tu blusa es de tirantes o parece más un abrigo de esquimal; peinada o no, con chongo o sin el. Es más, te aseguro que si te veo con tubos tipo Doña Florinda, te voy a ver igual de preciosa. 

Si leo este texto cuando termine, observaré lo pésimo poeta que soy. El romanticismo no se me da. ¿Dónde están las frases tipo: Tu rostro que ilumina mi sendero, para que mi amor pueda llegar hasta tu corazón? Bah, tonteras de escritores que se aprovechan de las hormonas de sus alocados lectores (o de los años sin sexo de otros). No, nada de eso. Yo solo plasmo aquí lo que pienso, lo que siento. Esas palabras que no consigo expresar de manera verbal, aquella que solo consigo darlas a conocer en este espacio que tan bien me ha hecho. 

Vale, ya te estoy aburriendo. Se que esto de la lectura no se te da, y te pido disculpas por eso. Creo que mejor la dejo hasta aquí. No vaya a ser la de malas y digas cosas que ni te imaginas que están en mi cabeza. No pienses mal, por favor, son cosas como las que me acabo de burlar en el párrafo anterior. Digo, que de poetas todos tenemos algo ¿O no? En fin, que lo único que te quiero decir, no, no es que te amo, sería algo prematuro decir eso. Lo que quiero decir es que no te amo, sin embargo estoy seguro de que si me das una oportunidad te amaré como nadie lo haga jamás… ¿Ya vez? Estoy empezando con mis cursilerías otra vez. Mejor, ahí muere. 

Con cariño, yo. 


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Esto de las cartas literarias se me da mejor que a Juana... Ok, no. 

5 de agosto de 2010

El Blogueador

La casa se encontraba envuelta en una penumbra misteriosa y atemorizante, los espectros se regocijaban de manera orgásmica ante tal ambiente. La familia no tenía tan buena cara; se encontraban desconcertados ante tal actitud. – ¡Nada le importa! Nos tiene aquí sufriendo sin que le importe ni un demonio-.
Xotchil, su mujer, a diferencia del resto de la estirpe, se mantenía callada. Ya había pasado por esto cientos de veces y sabía como lidiar con ello. Por supuesto no le gustaba la manera en que el los ignoraba ¿Pero acaso quedaba otra alternativa? No abría la boca ni para comer… ¡en 3 días!
Irma, su hija, fue la única que se atrevió, debido a su desesperación, a quebrantar las reglas y entrar a la habitación principal. Un ambiente lleno de humo, gracias a las enormes cantidades de cigarros que fueron suprimidos de manera demente, dificultaba la visión a tales magnitudes que estuvo cerca de caerse 2 veces, tropezando con libros, ropas y demás trastes viejos que se encontraban decorando el suelo de la habitación.
Entonces lo vio: Acurrucado a su bolígrafo, empedernido escritor, con el rostro desfigurado por el terrible desgaste de 3 días sin comer ni dormir, solo escribir. Le gritó, pero el no la escuchó. La visión de su padre, haciendo aquello que tantas satisfacciones económicas le habían traído a la familia, fue excitante. Un impulso eléctrico fue recorriendo todo el escultural cuerpo de la hija del escritor. Tuvo que salir corriendo, la impresión era tal que nunca quiso volver a ver un solo libro en su vida.
A eso de las 3 de la madrugada del día 4, el salió de sus aposentos. Pulcro como nadie, son una sola ojera, ni signos visibles de tal desgaste, una sonrisa le cruzaba como rió su rostro. Se limitó a pronunciar únicamente 3 palabras: Ya esta listo. Todos lo comprendieron, su post para el blog, por fin, lo había terminado.
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*Post originalmente publicado en el Blogguercedario el 3 de Julio del año 2010

10 de julio de 2010

Deessa



Me encontraba en la universidad cuando la vi. Parecía que el tiempo no había pasado mas que a mi, mas gordo y fofo. Ella estaba espectacular, hermosa como siempre. En cuanto la vislumbre mi corazón se acelero, mi ritmo cardiaco se acercaba peligrosamente hacia el infarto.

Ella no me vio, o no me quiso ver. Me acerque a saludarla, ese era el pretexto perfecto para darle un beso y volver a sentir su suave piel rozando mis mejillas. Cortésmente me devolvió el saludo y se fue, no quería saber de mí.

Ella es la perfección, una diosa encarnada en mujer. Mis hormonas parecían la de un adolescente en plena pubertad, mis nervios se notaban por doquier y mis manos no dejaban de sudar.

Nunca he entendido porque un sentimiento tan puro como el amor, mezclado con el deseo más ardiente, pueda perdurar tanto tiempo en la psique humana. 4 años que no sabía nada de ella y en cuanto la vi supe que nunca la había dejado de amar.

¿Qué puedo ser yo comparado a una diosa? ¿Cómo puede ella fijarse en mí? Debo estar contento de que por lo menos se sepa mi nombre, aunque tardo semanas en llamarme por el. ¿Es desprecio, o simplemente ignorancia? 

No puedo hablarle sin que todo mi ser tiemble y mi universo entero se detenga, mataría por un simple hola. Mis calificaciones han bajado, mi novia esta distante. La amo con todas mis fuerzas y no puedo tenerla, mi naturaleza me pide poseerla, la deseo no puedo controlarlo. 

Los meses transcurren, los días pasan, las horas me carcomen ¡Necesito verla! No puedo esperar el momento en que su mirada se cruce con la mía y me dedique un pequeño saludo, un saludo que me mantiene vivo, un saludo que representa el todo para mi, mi razón de vivir.

No puedo esperar para verla; ella, la diosa, la mujer, mi todo, mi existencia entera, el amor es cruel, el tiempo más. No puedo vivir sin ella. No puedo.*

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DR © 2010

*Post  originalmente publicado en Desmenuzadores el 15 de Abril del 2010 

10 de junio de 2010

Ángel



Sir Thomas Nein nació sin el “Sir” en su nombre, de hecho, nació sin el Thomas ni el Nein por ningún lado. Fue abandonado a la intemperie por una desalmada madre que sin temor a lo que le podría ocurrir a su pequeño e inocente hijo lo dejó frente a un hospital en el sur de Londres.

Fue ahí donde Thomas Nein lo vio, inmediatamente corrió hacia la delicada canasta de mimbre, la recogió y corrió hacia su humilde hogar para decirle a Juliett, su esposa, que lo cuidara y se hiciera a la idea de que ese iba a ser su hijo. Que no pidiera otro. 

Esa noche Juliett y Thomas charlaron muy seriamente sobre la infame e insensible mujer que abandono a su hijo en frente de un críptico hospital en el sur de Londres en una noche tan fría como esa. Se la imaginaban con una enorme, asquerosa y deforme nariz cuya punta contenía una verruga que casi obtenía la vida propia de tan fea y grande. Pensaban que no tenía Corazón, ni alma. 

Nuestro bebé apenas y lloraba, estaba callado observando el espeso bigote de Thomas Nein y los senos enormes de Juliett, que de hecho, desde la postura de Sir Thomas (entonces un bebé) era imposible ver los ojos color miel que brillaban con un resplandor único, pero que lucían apagados por tantos y tantos años intentando sobresalir en su vida profesional sin que su marido la tildara de loca ingenua. 

No eran la familia mas adecuada para un criatura que a la postre iba a obtener el condecoro de ser llamado Sir por sus espectaculares hallazgos en materia de salud. Sin embargo le daban lo que necesitaba para subsistir: alimento, educación y libros.

El tiempo transcurrió de manera paulatina. Sereno y sin prisa, con una monotonía digna de los ingleses. Sir Thomas Nein creció y se hizo un joven muy apuesto. Tenía un bigote como su padre, aunque no tan espeso como el de este; sus ojos no eran nada espectaculares y de un color café que llegaban a confundirse con el negro de la habitación donde pasaba sus días estudiando. 

Un día pasó frente a su humilde hogar, de dos plantas y con tres automóviles del año en la cochera, una mujer hermosa, con un rostro angelical y la mirada triste. Estaba tan delgada que parecía un esqueleto. Anoréxica según los ojos color miel de Juliett. Pidió una moneda para su pan, y Thomas Nein se la negó. Ella se dio la vuelta, sonrió y solo alcanzo a articular las siguientes palabras: “cuiden al pequeño Thomas, que yo no lo puedo hacer”.  Acto después, desapareció en la penumbra de Londres. 

Si, era la madre, esa desalmada mujer con un rostro angelical en vez de una espeluznante verruga en la punta de la nariz. Mendigando y sin comer ni asearse. La mujer más aberrante del mundo para Thomas y Juliett. 

Sin saberlo, esa mujer de mirada triste pasaba todos los días a la misma hora enfrente del humilde hogar que cada día sufría la llegada de aparatos lujosos y sofisticados gracias al nuevo empleo de Thomas: revendedor. 

Nunca supieron el nombre de la mamá de Sir Thomas Nein, ni nunca les interesó. Un día vieron en el periódico la historia de una mujer que falleció a causa del frío que hacia en la zona. El rostro angelical había desaparecido dejando en su lugar una demacrada expresión de sufrimiento. Las autoridades señalaron que esta mujer no tenía hogar ni familia. No tenía nada. 

No la reconocieron y su vida siguió normal. Sir Thomas Nein se graduó de la universidad y consiguió un empleo de doctor en el hospital general de Londres. Descubrió la cura del VIH y lo condecoraron con el titulo nobiliario del Reino Unido. Todo gracias a una desalmada que no tenía para darle una vida a su hijo. Todo gracias a ella. 


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